viernes, 15 de diciembre de 2017

CRONICAS ENSENADENSES
( Segundo Tomo)

Autor : Heberto J. Peterson Legrand
Cronista Honorario Vitalicio de Ensenada.

DR. ELPIDIO BERLANGA DE LEÓN
Médico y Político Humanista.

Escribir sobre el Dr. Berlanga-mi cuñado-es hacerlo sobre una persona que quise entrañablemente y nuestra relación aparte del parentesco político-familiar fue muy cercana ya que nuestras residencias estaban una contigua a la otra.
Originario de Piedras Negras Coahuila donde nació el 2 de diciembre de 1917 lugar donde hizo sus estudios primarios en la Escuela Primaria “Modelo” y la Secundaria  en la Escuela Secundaria Federal No. 11. Posteriormente se traslada la familia a la ciudad capital y estudia allí la preparatoria en la Escuela Nacional Preparatoria, inscribiéndose después en la Escuela Médico Militar donde se recibe como Médico especializado en Cirugía General.
Llega a Ensenada durante la Segunda Guerra Mundial allá por el año de 1942, después de una estancia en San Felipe.
Casado en primeras nupcias con la Sra. María Teresa Ramos en la capital tienen tres hijos: María Teresa, que radica en México y estudio Ciencias Políticas y es pintora; Myrna que vive también allá y es educadora ya jubilada y el Dr. Elpidio Berlanga Ramos que también radica allá fue Médico militar al igual que su padre y es muy reconocido a nivel nacional en el campo de la Resonancia Magnética.
Fuimos vecinos en la calle Gastélum y las familias entablaron una cercana y afectuosa amistad.
Estando los niños muy pequeños, lamentablemente muere su esposa y en avión militar sale el Dr. Berlanga del Ciprés con ella rumbo a la capital para depositar allá sus mortales restos. Por esas paradojas del destino también su hijo llegó del D.F. casado y con una hija y un hijo, muere muy joven su esposa Irma y al igual que su padre salió con los restos mortales de su esposa en avión militar del Ciprés a la Capital del país…la historia se repitió.
Un año o dos después, no recuerdo con precisión, se enamoran el Dr. Y mi hermana Olga, deciden casarse y ella se hace cargo de los hijos desde muy pequeños.
Posteriormente hacia 1947 nuestra casa es trasladada a la calle décima entre Obregón y Moctezuma y al año siguiente el Dr. Y mi hermana construyen su residencia junto a la nuestra en un terreno que mi padre les había obsequiado.
Fue Berlanga un hombre de buen carácter con sentido del humor y jamás le escuche una mala palabra, tocaba muy bien la guitarra, recuerdo haberle escuchado algunas melodías del trío “ Los Panchos” entre otras y su hijo es un virtuoso de la guitarra y además da conciertos de guitarra clásica.
En aquellos años era muy común que los médicos a todas horas fueran solicitados por sus pacientes y acudieran a las casas de éstos para atender a los enfermos. Muchas veces me toco acompañarlo y fui testigo como sé otros lo han sido del gran corazón que tenía y a mucha gente humilde no les cobraba y además vi que les daba las medicinas.
Fue un extraordinario cirujano, tenía fama de serlo, y fue en cierta forma maestro de jóvenes médicos como me lo atestiguaba en una ocasión el Dr. Francisco Rodríguez que fue el primer director en 1983 del nuevo hospital ISSSTECALI en Ensenada y mi gemelo Humberto el Primer Director Administrativo  Los anestesiólogos que asistían al Dr. Berlanga y eran de su entera confianza fueron Rubén García González  y Hugo Vidaña.
Era un buen domador de caballos, pero era incapaz de ir de cacería. Cuando fuimos las familias al campo, los Peterson, los Loyola etc., y veían una pieza de cacería cuando se preparaban para apuntar sus rifles hacia la presa, Berlanga comenzaba a golpear el auto o hacer algún otro tipo de ruido para espantarla, era muy sensible, incapaz de matar un animal.
Fue el primer director del Hospital Militar en el Ciprés, recuerdo cuando mi gemelo y yo lo acompañábamos a la entonces enfermería que estaba allí mismo antes de que se construyera el hospital, lugar donde nos opero de las amígdalas.
También fue director del ISSSTE cuando éste estaba en la calle Obregón entre tercera y cuarta junto a la Oficina Federal de Hacienda allá por la década de los ’60.
Milito dentro del PRI y llegó a ser diputado estatal, Presidente de su partido y Presidente Municipal de Ensenada,
Una anécdota: Siendo presidente municipal me dice una noche:- no te acuestes, quiero que me acompañes a medio camino rumbo a Tijuana-para que –le pregunte-y me contestó: -vamos a ir a tomar prestado un tubo de asbesto porque lo necesita Ensenada para una obra y Tijuana tiene mucho dinero. Cómo a las 10:30 p.m. salimos, cruzamos el territorio del Municipio de Ensenada, volteamos para todas partes y entre los dos subimos a la cajuela del carro el tubo y nos dimos a la fuga. Iba feliz, como un niño travieso porque le urgía resolver no se qué problema y tenía la solución en…la cajuela.
El había tomado posesión de su cargo, recuerdo en el cine Anza, el primero de diciembre de 1959 para concluir el 30 de noviembre de 1962. Su administración estuvo enmarcada teniendo como gobernador el Estado de Baja California al Ing. Eligio Esquivel Méndez quien gobernó de 1959 a 1964 y como Presidente de la República Al Lic. Adolfo López Mateos por el periodo de 1959 a 1964.
El cabildo del Dr. Berlanga estuvo integrado de la siguiente manera: Secretario Ernesto Flores Hinojosa, el Síndico Procurador Lic. Alfredo González Corral y los regidores José Cardoso Tenorio, la profesora Higarda Angulo, Ángel Díaz Prado, Salvador Montoya Aguilar y Julio Valencia Ibarra. Recuerdo que su jefe de Obras Públicas fue el Ing. Felipe de Jesús Ricalde creador del escudo oficial del Municipio. Recuerdo también al profesor Eugenio Mejía que fue su tesorero, al Fino Prof. Molina, su secretario, un hombre muy educado y a don Alejandro Mendoza que fue recaudador y persona también muy querida en Ensenada.
Durante una visita a Ensenada en 1961 el Presidente López Mateos inauguró el Centro de Capacitación Técnica de Ensenada en el Fracc. Bahía que era una de las grandes preocupaciones de Berlanga.
También construyo el Centro Escolar Revolución y la Casa de la Juventud en un terreno donado por el Gral. Clark Flores.
Uno de los principales problemas que abatió el gobierno del Dr. Berlanga fue el de la escasez de agua, se perforó un pozo en Maneadero y se construyo un acueducto hasta Ensenada para dotarla del vital líquido. Se procuró mejorar el servicio de drenaje de aguas negras  con el apoyo del gobierno Estatal. Se dotó de energía eléctrica a las colonias  urbanas Bustamante, Cuauhtémoc, Careaga, Ruiz Cortines, Benito Juárez, Popular, Hidalgo, Maestros y el Sauzal. Entre otras obras más.
Siendo Presidente municipal no faltaba el paciente a quien atendía allí mismo en su oficina.
Recuerdo que en cierta ocasión lo acompañe junto con mi hermana a los Ángeles California, llegamos al Hotel Ambassador donde mataron a Robert Kennedy, minutos después llegó Corona del Rosal que en ese tiempo creo era el Presidente del PRI, arribaron también el Ing. Eligio Esquivel, Gobernador del estado de Baja California, el Sr. Leyva Valdez, Presidente Municipal de Tijuana y el de Mexicali, después de los saludos correspondientes subieron a un cuarto del hotel donde tendrían una junta para tratar-sepa Dios que asunto-mientras mi hermana y yo nos quedamos en el restaurante cerca de tres horas. Una vez terminada la reunión nos trasladamos al cine, todos menos Corona del Rosal a  ver el estreno de “La Vuelta al Mundo en 80 días” donde participó nuestro famoso cómico “Cantinflas”.
 Berlanga fue un hombre profundamente humano que también apoyo mucho a las monjitas del Sanatorio del Carmen. Perteneció al Club de Leones y otras organizaciones.
Los seminaristas allá por la década de fines de los ’50 tuvieron un accidente en la carretera cuando se transportaban en autobús de Tijuana a Ensenada o al revés, no recuerdo bien, el Dr. Berlanga estuvo intensamente atendiendo a aquellos jóvenes y fue felicitado por médicos de Estados Unidos porque había hecho una intervención quirúrgica exitosa en el cerebro de uno de ellos sin contar con los instrumentos adecuados.
En otra ocasión recuerdo sobre una carta que el Dr. Llamas que radicaba en Tijuana donde lo felicito porque había logrado dar masaje manual en el corazón de un paciente salvándolo, hecho que nadie había realizado antes…
Conservo con mucho cariño la carta que le escribió a mi suegro el Gral. De División Piloto Aviador Rolando Rodríguez Fernández para pedirle la mano de mi hoy esposa.
Con mi hermana Olga tuvo una niña que lamentablemente falleció al año un 21 de marzo y exactamente el 21 de Marzo del siguiente año Dios les obsequio otra niña de Nombre Cynthía que es Técnica en Radiología y Psicóloga especializada en niños. quien al igual que sus hermanos vive en la capital.
Un hombre bueno que hizo de su profesión un apostolado, como político estuvo al servicio del pueblo, no se enriqueció, fue un político honesto y se gano el cariño de infinidad de Ensenadenses que fueron testigos presenciales de su entrega.
La calle tercera merecidamente lleva su nombre y yo me siento orgulloso de haberlo sentido siempre como un Hermano.



  
CRONICAS ENSENADENSES 7 DR.PEDRO LOYOLA LUCQ.
(séptima y última parte)
Heberto J. Peterson Legrand

En su capitulo “Salud Pública” nos comenta en sus “Memorias”: En el año de 1962 tuve necesidad de llevar en Morelia durante 6 meses un curso intensivo de salud Pública, para aprobar Administración Regional de Salud Pública y poder jefaturar el Centro de Salud de Ensenada, Centro que yo había logrado se edificara y del cual fui su primer Director, Había logrado asimismo, con la ayuda del Ing. Coq Director de Obras y Construcciones de la Secretaría de Salubridad en esa época, la construcción de los Centros de Salud de San Vicente, Ojos Negros, Maneadero, El Rosario y el Centro de Salud con Hospital de Colonia Guerrero todos ellos puestos en servicio en 1963.
Las funciones del Centro del Centro eran sumamente variadas, consultas, vacunaciones, servicio dental, rayos x, laboratorio, dispensario, antituberculosa, vigilancia del estado sanitario de su jurisdicción, exámenes a trabajadores, campañas antivenéreas, vigilancia de hoteles, restaurantes, panaderías, transportes de carnes, carnicerías, pasteurizadoras de leche, establos, rastros etc. y Sanidad Internacional. Yo poseía el grado de Comandante de Sanidad Internacional, para revisar los barcos que atracaban en el puerto, para evitar epidemias y contagios que puedan llegar por mar. Entonces como se exportaban por Ensenada muchos miles de toneladas de algodón, teníamos en ocasiones de 5 a 6 barcos cargueros extranjeros al mismo tiempo, a los que el Comandante de Sanidad Internacional, yo entonces, debía visitar en altamar para revisar su documentación sanitaria y examinar el estado de salud de tripulantes y pasajeros, para ello, tenía que presentarme de uniforme azul marino, saco cruzado con botones dorados, charreteras con 4 barras paralelas, kepi blanco con escudo y leyenda de Sanidad Internacional México. Hasta después de la visita y si se encontraba con todo orden, podían pasar los aduaneros, agentes de migración y agentes del barco.
En alguna ocasión arribó a Ensenada el yate del hijo del Dictador Trujillo, de la Isla de Santo Domingo, Radamés Trujillo, quien no creyó necesario sujetarse a los reglamentos internacionales,, por lo que me vi obligado a impedirle con los aduaneros y agentes de migración armados, pues todas estas autoridades incluso El Ejercito y La Marina, son auxiliares de Salubridad en casos especiales, lo que se llama “La Libre Plática”, es decir la autorización para bajar a tierra. Entendió Trujillo que no podría tocar Ensenada si no se sujetaba a los reglamentos y pidió la visita de Sanidad.
En 1966 había en la ciudad una enorme cantidad de perros sin dueño y se presentaron dos casos de rabia humana, que desgraciadamente fallecieron en medio de atroz desesperación. La Secretaría de Salubridad logró el apoyo de la Oficina Sanitaria Panamericana para instaurar en la frontera norte de nuestro país un programa para el control de la rabia.
En la parte trasera del centro de salud con apoyo económico de la Oficina Sanitaria Panamericana construí una perrera con jaulas individuales para observación de animales sospechosos o que hubieran mordido a alguna persona, jaulas colectivas para perros callejeros y un pequeño horno, donde se eliminaban con bióxido de carbono a aquellos animales que no eran reclamados por sus dueños o que simplemente no tenían dueño.
Se recolectaron diariamente perros callejeros, pero su número era tan grande que no avanzaba gran cosa en disminuir la población canina, por lo que propuse a la Secretaría efectuar una campaña masiva de eliminación en las calles, para disminuir efectiva y rápidamente gran número de animales sin dueño. La Secretaría aprobó de “palabra”, no por escrito mi proposición, pues si había algún accidente el responsable sería yo, no la Secretaría. Me jugué el albur, organicé brigadas mixtas de infantería de marina con personal del Centro de Salud y todos los días de madrugada, salían las brigadas bien provistas de albóndigas de carne rellenas de estricnina. Se dividió la ciudad en sectores y en formas de abanico desplegué al personal, seguido a una cuadra de varios camiones de basura del Ayuntamiento. El enorme riesgo que corríamos era que alguna albóndiga envenenada fuera comida por algún niño que la encontrara; fueron casi dos semanas que no dormí por el temor que algo saliera mal.
Cálculos aproximados hicieron llegar a 12,000 perros eliminados, sin tener que lamentar ningún accidente. Claro que algunas gentes y periódicos me bautizaron como “mataperros” y llegaron a amarrarme perros muertos en la defensa de mi auto. Como la campaña fue un éxito, en el boletín de Salud Pública de enero de 1968 me publicaron un trabajo que presenté resumiendo la campaña, pero disminuyeron el número real de animales eliminados para no provocar demasiadas críticas de los clubes defensores de los animales.
Asimismo, la Secretaría de Salubridad y la Oficina Sanitaria Panamericana me enviaron a Houston, Texas, a un Congreso de Salud Pública Internacional, donde expuse en pláticas, con diapositivas, películas tomadas en mis capturas gráficas, lo hecho en Ensenada para la disminución de la población canina de animales sin dueño. Fui ampliamente felicitado. A dicha conferencia me acompaño Kity y como no era gran cosa el volar a Houston, nos fuimos antes con algunos amigos a Yucatán, de ahí volamos Kitty y yo a Nueva Orleáns donde estuvimos varios días y finalmente arribamos a Houston.
Estimados lectores, con esto terminamos parte de la semblanza de un Médico, un personaje que se enamoró de Ensenada, aquí hecho el ancla, se casó con una Ensenadense, crearon una familia integrada por personas positivas que aportan lo mejor de si mismos a la comunidad como el mejor tributo a su Padre y Madre...     


CRONICAS ENSENADENSES 6 DR. PEDRO LOYOLA LUCQ. SEGUNDO TOMO.
Heberto J. Peterson Legrand

En el transcurso de nuestras vidas sabemos donde nacemos, pero no imaginamos por que caminos habremos de transitar, y todo ello se convierte en un cúmulo de experiencias que nos permite ir conociendo la condición humana y con ello se va construyendo esa historia personal y social en la que nos vemos envueltos, a veces provocando y empujando los acontecimientos y a veces empujados por ellos...
El Dr. Pedro Loyola Lucq, observador de su entorno y actor en muy diversos escenarios nos sigue platicando en sus “Memorias” de  otras vivencias más: y titula otro de sus capítulos “Espionaje:” y comenta: “ Varios años después de haber terminado la Segunda Guerra Mundial, fue encontrada en la Sierra de San Pedro Mártir una estación inalámbrica abandonada, pero aún en posibilidad de trabajar, se ignora quién o quienes la montaron y utilizaron, pero por las características de las torres y el secreto de su erección y funcionamiento, se piensa que los que las levantaron y las operaron o eran alemanes o partidarios de ese país.
Las mencionadas torres fueron traídas a Ensenada y levantadas en la manzana situada entre las calles 5ª. y 6ª y Miramar , donde por muchos años estuvieron dando servicio inalámbrico con el centro del país.
En la década de 1930 las costas de Baja California pululaban de pescadores japoneses establecidos en la zona. La pesca estaba en sus manos y había en esta ciudad otros muchos de la misma raza dedicados a pequeños ranchos, comercios, fotografía, etc. Es de suponerse que la mayor parte de ellos eran espías del Imperio del Sol Naciente.
En la Ave. Gastélum y casi esquina con la calle Primera, existía en ese entonces la fotografía de un japonés llamado Harry Tai, quien vivía con su familia, compuesta por su esposa, dos hijas jovencitas y un niño de unos 6 ó 7 años. Harry Tai era alto, bien parecido, educado y ceremonioso como los orientales.
Tuve la oportunidad de atender a la familia como consecuencia de un serio accidente automovilístico en la Cuesta del Carmen de la carretera libre a Tijuana. El niño cerró la llave del encendido en la bajada, inmovilizando la dirección y toda la familia se fue al barranco. Murió inmediatamente el menor, una de las hijas se luxó un hombro aparte de golpes y heridas, la otra hija y Harry salieron más o menos bien librados, en cambio la esposa de Tai sufrió fractura en la espina dorsal, de ambas piernas y del brazo izquierdo. Fueron trasladados al Hospital Civil, del cual en ese entonces era yo el Director y como no había en la ciudad ningún traumatólogo, tuve que hacer lo que pude para ayudar a la Sra. Tai. Improvisé con cuatro barrotes y poleas una cama de lona fuerte, para poder tener inmóvil a la Sra. y poderla asear, pues además de las fracturas hubo que practicarle un legrado pues estaba embarazada de 3 ó 4 meses y el producto falleció en el accidente. Estuvo enyesada bastante tiempo, pero conseguí que sus fracturas soldaran y con cierta dificultad volvió a caminar con muletas.
Al atacar Japón en diciembre de 1941 a Pearl Harbor, México ordenó la concentración de todos los japoneses que habitaban la Baja California a Guadalajara y otras ciudades del interior, pues se temía y con razón que pudieran ayudar a sus paisanos en un ataque a Estados Unidos, usando como trampolín a la Baja California. Años después tuve noticias ciertas de que Harry Tai el humilde fotógrafo de Ensenada, era Almirante de la Armada Imperial y primo cercano del Emperador Hirohito.
En otra parte y en relación con la Guerra sigue comentando: “ El General Cárdenas vino a tomar posesión  de la Jefatura de Armas de la 1ª. Zona Militar y hubo de acceder a que cada determinado número de kilómetros por las costas se pusieran partidas de militares mixtas, mexicanos y americanos con equipo de radar americano y artillerías del mismo origen, pues los Estados Unidos pretendían invadirnos para proteger el sur de su país. Con tal motivo, se organizó la población de Ensenada para el caso de una invasión por parte de Japón.
Se declaró la ciudad en estado de alerta, no se permitía ninguna ventana iluminada o luz cualquiera, el alumbrado de las calles estaba apagado, los pocos autos que circulaban tenían los faros tapados con papel negro y sólo una pequeña rendija vertical se veía, se nombraron jefes de manzana con la obligación de evitar que ningún rayo de luz se escapara de las casas a las tinieblas del exterior. La población masculina de los 18 a los 60 años recibía instrucción militar diaria; se formó un numeroso grupo de jóvenes ensenadenses a quienes se adiestró como pilotos de avión ( Pancho Zárate, Boby Salazar, Jorge Hernández, etc.).
A mi se me encomendó organizar y adiestrar a un numeroso contingente de muchachas para enseñarles algo de enfermería y primeros auxilios, haciéndose la distribución por zonas y dotándolas de botiquines elementales.
Se inició en la salida de la Calle 10 una cueva como refugio antiaéreo para la población civil, dicha cueva la utiliza actualmente Bodegas Santo Tomás como CAVA.
Las comunicaciones con el centro del país no existían, el servicio de cabotaje se suspendió. La comunicación a Sonora por carretera y por ferrocarril aún no existía y por avión mucho menos.
Los Estados Unidos estaban racionados por su esfuerzo de guerra y nosotros más racionados aún, rara vez se conseguía leche, ropa, gasolina etc. No nos moríamos de hambre, pero si hubo mucha escasez de todo.”.


CRONICAS ENSENADENSES 2 DR. PEDRO LOYOLA LUCQ. SEGUNDO TOMO.
Heberto J. Peterson Legrand

En otro escenario de su joven vida, el Dr. Pedro Loyola Lucq vivió algo de la experiencia Cristera y nos cuenta: “ La guerra Cristera que azotó el centro del país debido a la intransigencia de los gobernantes y de algunos obispos, estaba en todo su apogeo en 1928, año en que me mandaron a México a continuar mis estudios de preparatoria..” y agrega más adelante: “...era muy común ver colgados de los postes de telégrafos paralelos a las vías de ferrocarril ( entonces el único medio de movilizarse rápidamente de un lugar a otro ), a los cadáveres de los cristeros con la lengua negra y salida, devorados por los zopilotes...” y sigue diciendo más adelante: “ Los convoyes de los trenes en esa trágica época, llevaban un pequeño reten de 6 a 8 soldados y un sub-oficial en cada carro de pasajeros y aparte al final del tren una góndola blindada con un mayor número de soldados. Cercanos ya a la Cd. de Querétaro y en plena tarde, los cristeros volaron con dinamita puesta sobre la vía, la góndola del tren en que nos encontrábamos; dicha góndola quedó hecha pedazos, la mayoría de los soldados que iban ahí resultaron muertos o heridos y casi todos los carros del tren se salieron de la vía por la explosión; atacaron los rebeldes el tren, pero los soldados que iban en cada carro se parapetaron en los mismos para repeler el ataque, mi tocayo y yo después del susto nos tiramos en el piso del carro que por cierto era de los antiguos todos de madera, y entre escupideras volteadas y otras cosas nos quedamos un buen rato oyendo los tiros y el silbar de las balas. El tren no fue tomado, porque la explosión se oyó a lo lejos y al poco rato llegó un tren artillado en auxilio, que puso en fuga a los atacantes. Mi tocayo y yo solo sacamos el susto y las manchas en los trajes por haber estado pecho a tierra. Hubo más de 20 muertos sobre todo entre los soldados de la góndola, algunos pasajeros y un buen número de heridos.
En la misma época incursionaba por varias partes un famoso guerrillero, el padre Gorostieta, llegó en alguna ocasión a “Juriquilla”, hacienda de mi familia, llevándose caballos, alimentos y el dinero que podía encontrar. El padre Gorostieta tenía en jaque a varios regimientos del ejercito que lo perseguían, y los hacendados se veían asolados por unos y otros, pues los rebeldes por “la causa” se llevaban como antes dije, todo lo que podían y cuando llegaban las tropas barrían con lo que había quedado, para que no se pudiera ayudar a “la causa”.

Juriquilla, era casi un castillo feudal, tenía una alta muralla totalmente de piedra de unos 6 ó 7 metros de altura que circundaba la hacienda y aparte había garitones a la entrada y troneras por todo lo alto; durante la guerra cristera en vista de que con frecuencia llegaban los alzados, hubo que ponerse parte de un regimiento de caballería asentado en la finca. Era costumbre que los sábados por la tarde se pagaba a los trabajadores que eran cerca de 300, pues, la propiedad era muy grande. Pensando mis tíos como enviar el dinero de la raya sin que se dieran cuenta los espías cristeros, se les ocurrió que lo llevara yo pues no iban a sospechar de un muchacho que solo y a caballo llevara dinero, así se hizo, y me mandaron un sábado a mediodía con las bolsas de dinero, casi no se usaban los billetes entonces, llegué sin novedad y la peonada estaba esperando su paga; en eso estábamos, cuando los rebeldes atacaron “Juriquilla” la que era casi imposible de tomar, con los soldados parapetados y la muralla de que antes hice mención. Me subí a los techos de las trojes para ver bien, protegido por las aspilleras, a escasos tres metros de donde me encontraba de mirón, estaba un soldado haciendo fuego contra los atacantes. En algún momento que decrecieron los tiros se incorporó sobre la muralla, tal vez para precisar el lugar de donde hacían fuego, con tan mala fortuna que no se había incorporado completamente, le dieron un balazo en la frente y cayó muerto con la cabeza totalmente abierta, al ver la muerte de aquel pobre señor pensé inmediatamente que el pleito no era conmigo y que yo salía sobrando allá arriba, por lo que más que corriendo bajé la azotea y me introduje a la casa grande; al poco rato los atacantes se convencieron de la inutilidad del combate y nos dejaron en paz. Las siguientes semanas la raya ya no la llevé yo, sino elementos de la guarnición de la plaza”. 
CRONICAS ENSENADENSES 4 DR. PEDRO LOYOLA LUCQ. SEGUNDO TOMO.
Heberto J. Peterson Legrand

Después de las desafortunadas experiencias en Tamaulipas y Guerrero y ya en Mexicali a donde llegó dos días antes de finalizar el año de 1938, nos sigue contando en sus “Memorias”: “ A principios de enero, instalé mi consultorio en una botica de la chinesca y empecé a trabajar, le escribí a don Rodolfo Sánchez Taboada informándole de mi regreso y poniéndome a sus ordenes. Poco a poco empecé a tener clientela y una mañana llegó a mi consultorio uno de los jefes de la tribu Cucapah, como la mayoría de ese grupo étnico, era de aventajada estatura, fuerte y musculoso, llevaba a uno de sus hijos, un muchacho de unos 16 ó 18 años igual de alto y fornido que el padre, el que me dijo “ Aquí traigo a mi hijo que se clavó una estaca en la barriga para que lo cures”, recosté al muchacho en la mesa de curaciones, le quité un señidor sucio y sudado que traía enredado en la cintura y me encontré al lado del ombligo una herida penetrante de vientre,...” el Dr. Loyola le sugirió llevarlo al hospital- en aquel tiempo no se conocían los antibióticos y apenas se iniciaba el uso de los sulfas- y el Dr. Nos sigue diciendo: “ no aceptó el jefe mi sugestión, me dijo cúralo aquí como puedas, si vive que le sirva a ver si se le quita lo...
Lavé la herida y el intestino con suero, desinfecté lo mejor que pude  y suturé sin anestesia los bordes de la herida, no escuché ningún quejido del muchacho, lo vendé y salió como había llegado, caminando, y con la expresión hermética de cara como es costumbre de estas gentes, le advertí al padre los peligros que corría el muchacho y le sugerí que me avisara en 2 ó 3 días. Pasaron 8 días y no había vuelto a saber nada del herido, por lo que pensé que había fallecido. Más o menos una semana después de la primera visita, se me apareció de nuevo padre e hijo, esta vez sonrientes ambos, sin poder explicármelo la herida estaba cicatrizada, no había ocurrido ninguna complicación y el muchacho estaba curado, quité los puntos; se fueron agradecidos cubriéndome mis módicos honorarios y el jefe me obsequió un bastón labrado y adornado con plumas y jeroglíficos, de los que usaban sus tribus en ceremonias, bastón que desafortunadamente me robaron tiempo después.”.
A finales del mes fue llamado Loyola de urgencia para atender al Gobernador que se había puesto malo. Le sugirió que se trasladara a la cd. De México para un periodo de recuperación y el Dr. Pedro Loyola lo acompaño y una vez dejándolo instalado regreso a Mexicali.
Poco tiempo después nos dice Loyola: “ ...por órdenes de él, me ofrecieron la Dirección del Hospital Civil de Ensenada, cargo que acepté de inmediato, pues me encantaba el lugar, y así fue como llegué a Ensenada en febrero de 1939. Seguí teniendo muy buena amistad con Rodolfo, no solo mientras estuvo como Gobernador sino hasta su muerte, existe un hecho que pocas gentes saben, Don Rodolfo fue quitado del gobierno de Baja California, por no atender una orden presidencial, en la cual se le ordenaba ceder a Sonora parte de la zona situada entre Mexicali y San Luis Río Colorado, terrenos que no le correspondían a Sonora; Baja California los consideraba parte de su territorio.
El Presidente, creo que ya era en ese entonces Avila Camacho, expidió un decreto otorgándoselos graciosamente a Sonora y ordenando al gobernador del Territorio de Baja California, los entregara. El Gobernador, defendiendo la integridad del territorio a su cuidado, rechazó fundadamente el decreto por improcedente, y por segunda vez se lo ratificaron y por segunda vez lo rechazó. Poco tiempo después lo revelaron del cargo de Gobernador y posteriormente fue Presidente Nacional del P.R.I., y a continuación Ministro de Marina”
En otras parte nos sigue platicando Loyola: “ Cuando estuvo en la Marina, en uno de mis viajes a México fui a saludarlo y el que me introdujo a su despacho era el joven abogado de nombre Luis Echeverría, posteriormente Presidente de la República e iniciador de la “ docena trágica” junto con JoLoPo, José López Portillo. Echeverría era secretario de Don Rodolfo, en esta vez lo saludé brevemente, pues tenía muchas personas haciendo antesala, me despedí para no quitarle el tiempo y me invitó para el día siguiente a desayunar juntos. En la mañana de ese día me presenté a las 9: 00 Hrs. A la cita, y a los pocos minutos bajamos por el elevador privado, tomamos asiento en el auto y disponiéndonos a salir, llegó Echeverría con varios oficios que pretendía eran urgentes y quería que Don Rodolfo firmara antes de ir a desayunar. Don Rodolfo montó en cólera y mandó a Echeverría con cajas destempladas, agregando algunas palabras que no puedo escribir, nos encaminamos en el auto al restaurante Lady Baltimore, cerca de Samborn’s y como yo notaba que el berriche ya se le iba pasando, le pregunté a Don Rodolfo por que tenía a Echeverría tan cerca si era tan terco y textualmente me dijo: “ como trabajador es excepcional, es incansable, lo ayudé a que estudiara y lo tengo conmigo en parte por lastima y en parte por servicial y sumiso”, Echeverría entonces y después engaño a Don Rodolfo y a Díaz Ordaz, llegando a la Presidencia de la República donde cambió su personalidad, iniciando el periodo trágico...”
En otra de las visitas que hizo Loyola a Sánchez Taboada, al salir en el pasillo se encontró con Braulio Maldonado y éste le dijo: “ Voy a ser el 1er. Gobernador del Estado de Baja Califoria y necesito tu ayuda”, creo que me lo dijo-sigue diciendo Loyola_ porque acababa de ver la preferencia que Don Rodolfo tenía conmigo, no le di importancia a lo que Braulio me dijo y como es de cajón le dije: Si Braulio en lo que pueda ayudarte, estoy a tus ordenes”
Regresé a Ensenada sin pensar en las palabras de Braulio Maldonado ni en mi promesa de ayuda. Poco tiempo después, empezó a tomar formalidad la posibilidad de que Braulio llegara al poder y varios de sus amigos empezaron a visitarme con asiduidad llevándome regalitos, pensé que la cosa iba más en serio de lo que lo había tomado y no tuve que esperar mucho tiempo, pues a los cuantos días llegó Braulio y empezó a formalizar la cosa política, fui propuesto para Diputado local para el Distrito de Ensenada. Se hizo la campaña de rigor y legalmente gané con amplísimo margen de votos sobre mi oponente. Mi suplente era Alfonso Garzón Santibáñez, actualmente líder agrario de la C.C.I. a nivel nacional.
En la primera ocasión que vi a don Rodolfo siendo ya Diputado en el primer Congreso del Estado, me dijo: “ Eres un tonto, tú no eres para estos chismes, y no debías haberte metido en la política “, desgraciadamente me conocía mejor que yo mismo y acertó en su pronóstico, pues como Diputado me fue tremendamente mal”


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domingo, 10 de diciembre de 2017

CRONICAS ENSENADENSES 1 DR. PEDRO LOYOLA LUCQ. SEGUNDO TOMO
Heberto J. Peterson Legrand

En diciembre de 1986, el Dr. Pedro Loyola Lucq, primo político y persona muy querida por mí, y no se diga para muchas generaciones de Ensenadenses, tuvo a bien obsequiarme sus “ Memorias” que son el testimonio de un hombre valioso y valiente, de un ameritado profesionista que dejó huella y que en reconocimiento a su fecunda labor se le puso su nombre a una muy importante avenida de nuestra ciudad que corre desde la avenida Adolfo López Mateos, a un lado de la Secundaria Prof. Héctor Migoni Fontes, hasta la Avenida Westman que colinda con la zona militar del Ciprés.
Un hombre culto, amante de los libros, de fácil verbo, era grato escucharlo disertar sobre diversos tópicos y además era poseedor de un fino sentido del humor...
La información que mis estimados lectores lean en los varios artículos que les obsequio  esta obtenida de las “Memorias” de éste ilustre galeno.
Cito textual: “ Llegué a esta ciudad en 1939, como Director del Hospital Civil , inaugurado poco tiempo antes por el Dr. Raúl López Engelkin su fundador y primer Director.
El hospital de aquel entonces tenía tres enfermeras, una afanadora, cocinero y un administrador y boticario a la vez, los médicos éramos dos. Carecíamos de sala de operaciones, de sala de maternidad y sala de expulsión; solo había sala de hombres y de mujeres y tres cuartos de recuperación. Tócame la suerte de hacer la sala de operaciones que estuvo funcionando hasta hace pocos años. También construí el pabellón de maternidad con su sala de expulsión ...”
Hago la aclaración de que elegí textos de las “Memorias” y ordene según mi criterio, pues me es imposible transcribir la obra completa.
Contrajo nupcias con la Srita. Esperanza Peterson Cota a quien cariñosamente se le conocía como Kity , hija de Don Alfonso Peterson Gutierrez, hijo del Dr. Bertram H. Peterson e hija de Doña Esperanza Cota, hija del Lic. Enrique Cota, ambas familias pioneras de Ensenada.
El Dr. Pedro Loyola Lucq, atendió más de 10,000 partos y por cierto en el desarrollo de mis artículos iré transcribiendo algunas anécdotas para que como dice Loyola en la introducción de su obra: “ espero que se diviertan un poco a mis costillas...”
Cito: “ Una tarde atendía un parto difícil en una casita cerca del kequi y me vi en la necesidad de aplicar fórceps. La paciente en su cama fue sujetada de sus piernas por familiares y otro de ellos siguiendo mis instrucciones le proporcionó un poco de éter en un algodón sobre la nariz y boca, me instalé a los pies de la cama, puse el fórceps y empecé a jalar. El piso de la recamara estaba cubierto de linóleum, el cual estaba mojado y resbaloso; al hacer el último esfuerzo para sacar a la criatura  con el fórceps, me resbalé y caigo que no caigo con el fórceps en la mano fui a dar contra la ventana, la rompí y caí al jardincillo de enfrente de la casita, sin hacerme daño, sin soltar el fórceps, pero si habiendo soltado en la cama al niño. Gracias a Dios no hubo nada más que lamentar que los vidrios rotos, pues tanto la mamá como el niño, estaban vivos y bien”
Retrocedamos en el tiempo para seguir a nuestro personaje como estudiante: Cito: “ Principié mis estudios de Médico Cirujano, en la vieja casona de la Plaza de Santo Domingo de la Ciudad de México. La casa en sus orígenes fue ocupada por la inquisición en los tiempos de la Colonia, en 1932 era el asiento de la Facultad Nacional de Medicina de la Universidad Nacional de México.
Mis estudios de preparatoria los había hecho en la misma Ciudad de México, en el Colegio Francés de la Avenida Morelos de los hermanos Maristas, que estaba catalogado entonces como una de las mejores y más costosas escuelas privadas”.
En otra parte dice: “ Mi situación económica durante el primer año de medicina era estrecha, pero contaba con casa y comida y algo de dinero que me mandaba mi papá...” Ya en el segundo año su papá, debido a problemas económicos le pide que se regresé a Querétaro, de donde era originario, pero sigue diciendo Don Pedro Loyola: “ Yo no quería truncar mi apenas iniciada carrera porque consideraba que yéndome a Querétaro no tenía ningún porvenir. Fui a ver a un tío mío, el Ing. José Fernández de Jáuregui que trabajaba en el Gobierno del Distrito de la Cd. de México y le expresé mi situación, me pudo ayudar con un nombramiento a la lista de raya como cadenero de una de las cuadrillas de trabajo de la ciudad de México, el sueldo aún para aquel entonces era miserable, $ 1.65 diarios, algo así como $ 49,50 al mes, pero con ellos pude subsistir y continuar con mis estudios...” más adelante sigue diciendo: “ Mi trabajo como cadenero era bastante pesado, pues tenía entre otras cosas, que contar y ubicar en los planos todas las alcantarillas, pozos de visita, etc., del sistema de drenaje de la Ciudad de México y sus delegaciones, naturalmente, conocí a toda la Ciudad de los Palacios por todos rumbos, pero a pié...” 


CRONICAS ENSENADENSES

JOSE EMILIO PACHECO

Heberto Peterson Legrand

Con motivo de la ausencia de mi esposa, que anda en la ciudad de Monterrey Nuevo León y estando sólo en casa llegó la hora de comer, y después de pensar en distintos restaurantes fui a dar al Halliotis, del cual soy cliente desde que se abrió y siempre he sabido valorar la manera tan afable y fino trato que mi familia y yo hemos recibido, amen de la buena cocina.
Debido al hecho de haberme atiborrado de antibióticos, mi estomago lo traigo dañado y además andaba un tanto desconcentrado y con el ánimo algo decaído...
Estaba disfrutando de un exquisito filete de salmón bañado con una salsa de camarones, cuando al levantar la vista divise a Olga Angulo, escritora y entusiasta impulsora, entre otras actividades, de la literatura en el Instituto de Cultura de Baja California, donde es una funcionaria muy valiosa y amiga muy querida. Olga venía acompañada del famoso escritor José Emilio Pacheco-ensayista, cuentista, novelista, traductor, catedrático,  y al llegar hasta donde estaba yo tuvo la amabilidad de presentármelo. El, muy sencillo me saludo, intercambiamos breves palabras, de momento se retiró y regresó disculpándose porque no se había despedido. Un hombre de caminar desgarbado, sencillo en su vestir y nada complicado.
Olga me invito a que los acompañara a un café después de mis alimentos.
Llegué a su mesa y de inmediato me sentí muy bien acogido. José Emilio Pacheco comenzó a platicar abriéndose y dando confianza. Me impacto el poder apreciar como un hombre que es hoy por hoy una de las joyas de la literatura mexicana, ganador de distintos premios: José Donoso (2001), Octavio Paz (2003 ), Pablo Neruda, (2004 ), Ramón López Velarde, ( 2003 ), Alfonso Reyes, ( 2003 ) y Federico García Lorca en (2005 ), y maestro en varias Universidades de México, Estados Unidos, Canadá e Inglaterra, era tan sencillo, tan familiar, sin poses, yo creo que no conoce la palabra soberbia, se ve que es un hombre profundamente humano.
Era tan poco el tiempo de que disponía que picamos de todo, yo desde luego, preguntando y escuchando para disfrutar de las vivencias de aquel hombre que convivió con Octavio Paz, que lleva amistad con Carlos Monsiváis, amigo de Gabriel Said conocido por sus ensayos y obra poética pero cuyo rostro es desconocido, conoció a Arreola el autodidacta de cultura universal.
Conoció a José Vasconcelos, dejó sentir que le impacto su personalidad y siente una profunda admiración por él.
Primera vez que estaba en Ensenada, comentó que una de sus hijas estaba haciendo o hizo un trabajo sobre el filibustero William Walker que estuvo en Ensenada en 1853-54 a quien Antonio Meléndrez, nuestro héroe, logró sacar de estas tierras.
Es Don José un comensal amante de los mariscos, lo dijo y vi como los disfrutaba. Degustamos un exquisito vino Mazouzet y me comento que la familia eran sus parientes. El vino le encantó y lo disfruto a plenitud.
El tiempo paso demasiado aprisa y nos falto tiempo para exprimirlo, para sacarle más de esa riqueza que guarda pero que esta dispuesto a compartir. Me dio la impresión de ser un hombre generoso.
Por causas de fuerza mayor no me fue posible asistir a CEARTE a su presentación, más le agradezco a Olga su fineza de haberme dado la oportunidad de conocer a un hombre que oculta detrás de su sencillez su Grandeza.